martes, 31 de enero de 2017

La invasión de los girasoles mutantes 2. Proyecto Voz de Dios.

Episodio 26. Arqueología estelar. 

Cuando el cielo se parte, jodida y literalmente en dos, y la historia y el cosmos y toda la puta madre que los parió a ellos y a todos los ángeles del cielo te dan un severo puntapié en la base del cráneo, puedes actuar de dos maneras. La primera, y la más normal en un ser humano corriente, es, joder, fliparlo en colores y hacer un serio esfuerzo para que tu esfínter no tire la toalla. Por lo menos quedarte con los ojos como platos y sin una maldita palabra que llevarte a la boca. La otra, la otra es la de Peter. Y esa denota muchas cosas, además de un absoluto desprecio por la vida propia y ya no digamos por la de los demás. Es la opción de ponerte a dar gritos de alegría y asombro ante el espectáculo demencial que se está produciendo delante de tus ojos. Porque lo que es los demás, cuando el cielo, insisto, se parte en dos y el sonido atronador de un objeto inmenso atravesando la atmósfera casi les deja sordos, se quedan estupefactos. Pero Peter Connors, no. Peter Connors, cuando una nave espacial alienígena, por lo que se ve, milenaria, se queda en suspensión a varios cientos metros de la superficie y a unos diez kilómetros de dónde están ellos, se pone a dar gritos de alegría como un niño al que el puto gordo de Santa Claus le ha traído justo el juguete que quería. Y es que ese es Peter Connors, capaz de asimilar que es el hijo del Diablo sin mucho problema, pero al que el hecho de que los extraterrestres existan le parece la cosa más jodídamente cool que le ha pasado en la vida. Es evidente que no fue un niño muy feliz. Porque la verdad, la cruda verdad, es que la nave que ha aparecido en el cielo es terrorífica. Se podría describir como dos inmensos zigurats de metal, de varios cientos de metro de alto y algunos kilómetros de perímetro, unidos por una sección transversal horizontal alargada de varios kilómetros de longitud. Una inmensa ciudad volante arrancada de algún lugar remoto y oscuro del cosmos. El gran Sorbinus sonríe como un bellaco, el cabrón.
-Contemplad la grandeza de La Devoradora de Mundos, joya de la antaño gloriosa armada espacial de Nibiru y nave insignia del mismísimo Enki. En su interior se haya el Trono, que nos devolverá la grandeza del señor Annunaki. Y no os preocupéis, amigos. A pesar de haber sido mis enemigos, soy un ser generoso y no le privaría a nadie el regocijo de contemplar, al menos una vez en su vida, a nuestro gran señor.
-Te arrancare la maldita cabeza y te la meteré por el culo, Gran Sorbete de lo que sea -le escupe Celine
Pero Sorbinus no le contesta. Solo levanta los brazos y la nave emite inmediatamente un rugido mecánico que les hiela la sangre. Por todo el casco se iluminan luces. La bestia está cobrando vida. Sorbinus sigue rugiendo y ellos, al igual que también todo el ejercito de Madre Mary, tiemblan. 
Hasta la emoción de Peter, presa de su infantil entusiasmo por los ovnis, se desvanece ante el aterrador sonido de la bestia mecánica milenaria. Los motores anti gravitacionales amenazan con partir en dos el suelo. Otro rugido, peor que cualquier trueno. Peor que la tierra abierta en canal por el más terrible de los terremotos. Otro rugido y luego la luz, como venida de la mismísima mano de Dios. Un rayo cegador que sale dela base de la nave y toca el suelo con un resplandor que hace palidecer al sol que trata de reivindicar su reinado en lo alto del cielo.
-La puerta está abierta -grita el Gran Sorbinus-. Ha llegado el momento. Seguidme, desarrapados de la tierra y conoceréis al verdadero Dios.
-¿Y qué hacemos con ellos? -Pregunta Madre Mary.
-Que vivan. Quiero que lo vean todo. Quiero que abandonen este mundo con la imagen de la grandeza de Enki como último recuerdo.
Y los compañeros observan como el ejército de Madre mary se repliega y se dirige haciE la enorme nave. El suelo bajo sus rodillas es dolorosamente real de pronto. La tarde es dolorosamente pesada. El sonido de los motores de la nave atrona en los oídos y les hace sentirse pequeños, muy pequeños. Casi pequeños en el espacio y en el tiempo. Aplastados por una bruma cósmica que se come la era en la que les ha tocado vivir, de pronto la invasión de los girasoles mutantes apenas parece una anécdota en un juego mayor en el que solo son las astillas que forman las verdaderas piezas. Y el polvo del desierto se levanta y les golpea el pelo, la cara, las ropas, como si nada, como si fueran meras estatuas, cactus sin tragedia detrás, rocas sin futuro. Ciento cincuenta  hombres se han quedado para vigilarles. Al mando de ellos el otro de los grandes generales de Madre Mary,  Albert, que les mira desde sus dos metros de altura con los cuatro brazos cruzados como si solo fueran una mercancía, como si el trámite de mantenerles con vida hasta que le den la orden de lo contrario solo fuera un engorro administrativo que debe cumplir. Las rastas blancas se mueven levemente mecidas por el viento. El tipo en sí es una pesadilla.
Johny mira el montón donde han dejado sus armas, incluida Tadeusz. No sabría bien decir por qué, pero eso a Johny, así, de pronto, le parece una estupidez. Su cabeza trabaja rápido, aunque aun le queda algo del whisky de la noche pululando por las neuronas. Hay que hacer algo. Siente ese cosquilleo en los dedos cuando los nervios le piden que apriete el gatillo, solo que en ese preciso instante no tienen ningún endemoniado gatillo que apretar. Pero eso no quiere decir que no quiera dar guerra hasta el último momento. Solo mira a sus camaradas de reojo, pero sabe que sienten y piensan exactamente lo mismo. Hay que actuar. Cada segundo como un grano de un maníaco reloj de arena. Las miradas como sentencias de muerte. La vida condenada a una esquizofrénica cámara lenta. En esas situaciones rezas por algo que mande el puto equilibrio a tomar por el culo. Una explosión, el clímax de la maldita ópera, un detonante que engulla la nitroglicerina de las venas. Joder, a veces, los dioses no tienen ninguna gana de defraudar a sus humildes espectadores. Y las cosas pasas, coño, porque tienen que pasar. Al principio, solo un zumbido leve. No un sonido, ni un temblor, solo algo que se hace un hueco etre el ruido de los motores de la nave. Luego sí que se nota un leve temblor en la tierra. Hasta que por fin se puede ver, hacia el oeste, primero una mancha, luego una clara polvareda que algo está arrancándole al desierto. Los hombres y el general de madre Mary entienden que algo se acerca a ellos. Unos segundos más tarde, el rugido de varias decenas de motores hace su entrada en escena.
El general Albert entorna esos terribles ojos rojos y mira la nube de polvo que, poco a poco, se va aclarando. Huele la batalla en el aire con los dos orificios de la cara que le hacen de nariz. El sonido de las dos enormes espadas cortando el aire es casi glaciar. Chicos, dice, vamos a tener fiesta. La nube se ha disipado por fin. Camiones y furgonetas de todo tipo se han parado a unos veinte metros de distancia. Uno de los coches se abre y de dentro baja un hombre enjuto. No se le ve bien la cara, por culpa de la poblada barba y por el parche que le cubre el ojo izquierdo.
-Chicos, parece que os habéis vuelto a meter en un lío. ¿Necesitáis una ayudita? -Les grita Ángelo, sonriendo abiertamente.
-Puto loco -le responde Bridge- ¿Dónde te habías metido?
-He ido a buscar unos amigos.
La puerta del copiloto del coche se abre y de ella baja un tipo enfundado en una vieja servoarmadura. Se quita el casco y la cara bonachona y sonriente de un girasol mutante les saluda.
-Johny, Bridge, Caroline, hola.chicos. Hemos venido a ayudar.
-¡Eugene! -grita Johny-. Maldito girasol chiflado. No sabes como nos alegra veros.
-Estoy seguro Johny. Y más que os vais a alegrar. ¡Chicos!
De los camiones bajan girasoles armados hasta los dientes. El sonido de armas cargándose le hace un guiño al viento.
-Acaso pensáis que un puñado de plantas hará temblar a los terribles soldados del Inquisición -escupe el gran General Albert-. Nosotros somos la nueva plaga.
-Bueno, esperábamos que nuestra mera presencia fuera suficiente, la verdad -responde Ángelo en tono burlón-. Pero por si acaso hemos traído uno cuantos amigos.
Hace un gesto con las manos hacia adelante y es respondido por el sonido al abrirse de los portones de los camiones. Un silencio que apenas dura unos segundos y un murmullo que hiela la sangre y que todos los que vivieron, o sobrevivieron, la invasión de los girasoles mutantes, conocen de sobra. Luego ya está todo dicho y hecho. Hordas de girazombis se lanzan como locos contra los soldados de Inquisición y sobre el sorprendido Albert. Y eso es el resorte que Peter necesitaba. Se pone en pie y estira la mano y como respondiendo a su llamada, Tadeusz sale disparada llegando hasta a él, que cierra un puño de acero sobre la reconfortante y familiar geometría de la empuñadura. 
Bridge, Johny y los demás le miran asombrados, pero no tienen tiempo de preguntar. Los guardias más cercanos que les custodiaban tampoco tienen tiempo de mucho antes de que Peter acabe con ellos. En un suspiro que no es ni una brizna de viento en medio la batalla están armados y listos para pelear. Eugene y Ángelo llegan hasta ellos corriendo. No hay tiempo para saludos efusivos. Además, un incomodo nudo les encoje la garganta, aunque los girazombis les ignoran y centran su sangrienta atención en los soldados enemigos, estar rodeados por centenares de ellos no es la cosa que más feliz les hace. La imponente figura del general Albert se planta delante de ellos, con las dos enormes espadas listas para cortar en dos el mundo si hace falta. Pero no le va a dar tiempo. Peter grita un, ya estoy harto, que sorprende hasta a sus compañeros. Se lanza contra los más de dos metros de Albert, y gritando frases entrecortadas, de las que solo se puede extraer algo así como, ¿quién coño te crees que eres?, yo soy el puto Peter Connors y cosas por el estilo, esquiva los golpes del general y de tres certeros movimientos, cercena armadura y músculos y las piernas de Albert se doblan bajo el yugo de ese acero implacable. De rodillas, trata de morir de forma honorable, pero Peter le atraviesa la garganta y la vida se escapa de esos ojos rojos con un gorgoteo de lo menos honorable. El duelo apenas a durado unos segundos y los compañeros se quedan sin poder reaccionar, a veces la furia asesina de Peter tiene ese efecto. Él, por su parte, sigue dando patadas al cadáver de Albert gritando que él es el jodido Peter Connors. Ángelo se acerca por detrás y le calma, aunque da un paso atrás cuando Peter se gira y parece no reconocerle. Grita de rabia y acaba de cercenar la cabeza de Albert de un certero tajo. Tranquilo, amigo, se acabó, creo que está muerto.
-Estoy tranquilo.
-Sí, sí, eres la viva imagen de la calma.
Se agrupan en torno a Peter y el cuerpo de Albert. A su alrededor, la breve batalla llega a su fin y las voces de los girazombis se van acallando a medida que lo hacen las de las victimas que masacrar. Acabada la faena, se quedan inmóviles, con la mirada perdida y la respiración entrecortada a la espera de  una orden, de que les marquen un nuevo objetivo.
Da escalofríos verlos así, parados, babeando, expectantes.
En marcha, dice Peter. Tenemos una nave que derribar.
-Te olvidas del ejército que hay en medio -la voz de Harry suena a una terrible tristeza.
-Nosotros también tenemos uno, ¿no? -Bridge mira con algo de congoja a las horda de girasoles.
-Necesitaremos un plan -añade Johny.
Peter sonríe. Mira los zombis, los soldados girasoles, el armazón del Goliath encima de Betsy. La Valkiria, cruza una mirada fiera con Celine e intercambia una sonrisa de complicidad con Johny.
-Nos hemos visto en peores -añade por fin.
Se encaminan hacia Betsy. Casi caminando a cámara lenta y con una música épica de fondo.
-una cosa -dice de pronto Bridge-. ¿Cómo has hecho eso de la espada, qué vuele hasta tu mano?
Peter sonríe. Un viejo truco Jedi.
-¿Jedi?
-Sí, Jedi, ya sabes, Star Wars.
-Ah -contesta Bridge-. No la vi.
Todos se detienen en seco y se quedan mirando a Bridge. La música se detiene.
-Tío. Todo el mundo ha visto Star Wars.
-Hasta nosotros la vimos en el viejo cine de nuestra ciudad -dice Eugene.
Todos ríen. Bridge se encoge de hombros. Bueno, hay mucha gente que no la ha visto, digo yo.
-Sí -apunta Peter-. Los ciegos.
-Y los muertos -añade Johny.
Todos ríen mientras andan hacia Betsy.
-Bueno, pero en serio, ¿cómo hiciste que la espada fuera saltara hasta tu mano? -Insiste Bridge, y sus carcajadas suenan con alegría, aunque sean, casi seguro, las últimas que se vayan a oír en aquella región en muchas horas. 

martes, 29 de noviembre de 2016

La invasión de los girasoles mutantes 2. Proyecto Voz de Dios.

Episodio 25. Nubes de fuego y sangre.

Una colina en medio del desierto, bajo un atardecer plomizo de un rojo intenso, un hombre contempla las ruinas de Pueblo Bonito, el complejo más grande que la cultura Anasazi construyó a lo largo de los catorce kilómetros del Cañón del Chaco. Su viejo guardapolvos hondea casi majestuósamente mecido por el viento del desierto, lo que recorta su silueta tocada por un viejo sombrero cowboy de forma teatral sobre el rojo que va tiñendo el mundo. Enciende un cigarro y pierde la mirada en las ruinas. No se pregunta nada, solo intenta que la paz de la piedras milenarias que descansan decenas de metros más abajo se apoderen de él. Es el momento perfecto para no pensar. Quizás el único que Johny Walker ha tenido en semanas. Alguien llega a su lado. Los ojos de Peter crean un extraño contraste con la tonalidad del atardecer. Mira también las ruinas y no dice nada. Coge la espada, que lleva unida magnéticamente a la espalda, otra ventaja de su nueva armadura, y la clava en el suelo. El acero ancestral capta algunos de los últimos rayos de sol. Johny expulsa el humo y sonríe, sin ningún motivo aparente, solo por que es tan buen momento como cualquier otro para sonreír. Quizás agradeciendo ese segundo de tregua. Luego un ruido metálico como una tormenta les hace girarse. El exoesqueleto de combate de Bridge se detiene a un par de metros de ellos. Se abre y Bridge baja. Se les acerca mientras ellos han vuelto a lanzar la mirada a las ruinas. Desde allí arriba solo se ve una estructura vagamente semicircular, muros derruidos y varios receptáculos circulares que, a tenor de sus últimos descubrimientos, hacen que la imaginación vuele a la hora de especular sobre su utilidad.
-Pensé -dice Bridge- que jamás volvería a tener oportunidad de hacer un poco de turismo. Siempre quise visitar estas ruinas.
-Pues tenemos suerte -le contesta Peter-. Algunas partes estaban cerradas en su momento por problemas de conservación. Supongo que eso ya no importa.
Los ojos de Bridge brillan azules, retando a la oscuridad cada vez mas presente. Pero en su expresión desaparece la relajación, al menos por un segundo.
-Míranos -dice-. Parecemos tres amigos normales y corrientes de excursión.
Johny le mira y ríe.
-Nosotros no seríamos normales en ningún mundo posible.
Los tres sonríen, completamente de acuerdo. Y vuelven a guardar un tranquilo silencio que no tiene ningún tipo de pretensiones. Solo respirar ese aire cálido y reconfortante, admirar la belleza de todo aquello. Nada más. Algo sencillo. Algo tan valioso como todo el oro del mundo.
-Es bonito, joder, muy bonito -dice Peter.
-Si todo esto pasa -bromea Johny-. Deberíamos poner un negocio.
-Sí -asegura Bridge-. Los Salvamundos.
-¿Invasiones mutantes?¿Alienígenas? ¿Dioses y monstruos varios que quieran destruir tu bonito mundo? -Continua Johny con la broma.
-¿A quién vas a llamar? -Apuntilla Peter y los tres tararean la música de Los cazafantasmas y luego se ríen.
Johny saca una petaca del bolsillo interior de su guardapolvo, abre el tapón, da un trago y después de una mueca tras se lo pasa a Bridge. Está caliente, pero es mejor que nada. Bridge bebe y se lo pasa a Peter que traga el bourbon casero. Quema en el gaznate, pero arde en el pecho, y eso ayuda bastante.
-La verdad es que no se nos da mal del todo -dice Bridge.
-Espera que todo esto acabe.
-Venga, Johny, tenemos al hijo del Diablo de nuestra parte -y le da a Peter un amistoso puñetazo en el hombro.
Peter le pasa la petaca a Johny que vuelve a dar un trago largo, y dice, entonces, ¿este es muestro rollo?, ¿quedamos cada cinco años para salvar el mundo, os va bien? Le pilla a Johny bebiendo y la risa hace que se atragante. ¡Cabrón!, que estaba bebiendo.
Peter mira las ruinas. Y luego mira a sus camaradas.
-Desde luego sois la mejor gente con la que uno se pueda enfrentar al fin del mundo.
Johny le hace un saludo con el sombrero y Bridge un gesto de brindis con la petaca antes de dar un trago y pasársela. Luego coge de los hombros a sus dos compañeros de fatigas.
-Chicos -dice-. Esas ruinas no se van a mover de ahí. Descansemos esta noche. Bebamos, riamos, follemos y mañana veremos qué coño esconden.
-Estoy de acuerdo -dice Johny-. Pero la petaca nos la acabamos nosotros.
Y vuelven a reír. Beben como tres amigos sin miedo alguno ni nada horrible detrás. Y la cámara se va alejando, dejando sus siluetas magníficamente recortadas al borde del cañón, el sol muy bajo y el desierto en calma. La cámara se aleja, deja atrás también a Betsy y los demás y recorre unos centenares de metros de desierto hasta detenerse en las ruedas delanteras de dos motos. Luego el plano se abre. Dos motos enduros sucias y transformadas, con púas, y cuchillas y dos motoristas con armaduras y cascos con calaveras pintadas y penachos de pelo que les caen hasta la espalda. Miran a los compañeros con unos prismáticos y luego se van, sin arrancar los motores hasta que están lejos, para perderse después en le desierto.

Es increíble, pero a pesar de los kms, la voz de Doggy les llega nítida, como un recuerdo de otra vida, a pesar de que tan solo hace unas semanas desde que compartieran revelaciones, música y cerveza con el extraño eremita. Doggy habla de que las estrellas parecen más nítidas que nunca esa noche, como si se vistieran con sus mejores galas. Luego pincha Alive de Pearl Jam y la voz de Eddie Vedder habla de un mundo mejor, libre de terrores apocalípticos, donde el único horror era el que llevaba el hombre dentro. Johny y Peter asienten en silencio, pues los dos comparten un amor incondicional por el movimiento Grunge. Como si les viera por una cámara, Doggy pasa a la versión de Nirvana de Tell me where did you sleep last Night. Ellos duermen en ese vehículo cansado pero valiente, porque el desierto empieza a enfriarse en la noche. Están tan cansados que se olvidan de hacer guardia, como si en medio de esa escombrera de siglos, al borde del final del camino, nadie pudiera encontrarlos.
Pero el mal tiene brazos y tentáculos en todas partes. Eso es algo que deberían haber aprendido. Además, el mal no se esconde del sol. Y el sol llega igual que la noche con todos los terrores que se quieran subir al carro. Porque el sol solo hace su trabajo hasta que llegue el final de su turno, así que cuando Peter se despierta al sentir el frío tacto de un cañón metálico en la frente, el sol sigue a sus cosas, y si tuviera hombros, se encogería de hombros.
-Hola, guaperas -le dice Madre Mary mirándole con una inmensa sonrisa-. Me debes un tanque. Y antes de que pienses en usar esos poderes tuyos, piénsalo un par de veces. Una al menos.
Madre Mary le señala con el cañón del arma a través de la ventana y puede ver a sus amigos de rodillas en el desierto con bastantes cañones amenazantes apuntándoles a la cabeza. Madre Mary tiene en la otra mano a Tadeusz, mirando la hoja con placer. Es un arma maravillosa. Creo que me la voy a quedar, aunque las espadas no son mi fuerte. Ese maldito de Sorbinus dice que fue un arma de grandes generales en otra época, en otro mundo. Es un arma de líderes, no de rufianes, vagabundos y asesinos. Peter no responde, al menos de palabra, pero intenta con todas sus ganas desarrollar unos poderes mentales que le permitan troncharle el cuello a aquella odiosa mujer de piernas largas. 
De rodillas en el desierto, desarmados y con una rabia descomunal ardiendo en las sienes. Los tres camaradas no dejan de mirarse los unos a los otros bucsando una solución a su del todo apurada situación. Pero es difícil ser optimista cuando estas rodeados por centenares de enemigos y el agujero de decenas de viejas armas de fuego te apuntan directamente a la nuca. Las filas de Madre Mary se abren en dos ,como el Mar Muerto, y hasta la propia gobernante de  los carroñeros se hace a un lado para dejar paso al Gran Sorbinus y, detrás de él, la imponente mole de Nirmod, seguido de un engendro parecido a él, pero con un enorme agujero como una turbina donde debería tener el rostro, Sorbinus sonríe como un cerdo, piensa Bridge, le partiría la puta cara. Pero sabe que el más mínimo gesto acabará con sus sesos y los de sus amigos decorando el desierto.
-Ahora, mortales -dice Sorbinus abriendo los brazos y dirigiéndose tanto a ellos como al ejército que le apoya- Veis cuan fútil es la resistencia al nuevo orden. Los dioses verdaderos vienen para reclamar lo que es suyo.
-Moriré antes de ayudarte, no lo dudes, sabandija asquerosa.
Ante el desafío de Harry, Sorbinus solo sonríe y levanta una mano. De entre la multitud de soldados se abre paso un hombre, tranquilo, sereno, que se para justo al lado de Sorbinus y les mira con divertido desprecio. Se quedan sin habla cuando una copia perfecta de Harry Street les contempla.
-Hola, hermano -le dice la copia a Harry Street con un tono exacto al tuyo-. ¿Qué haces colaborando con esa escoria? No podemos detener lo que no puede ser detenido. No es nuestra misión.
-Creo -dice Sorbinus-, que no os he agradecido el haberme dejado aquella muestra genética tan útil en el desierto. Un gesto sin duda dramático, hombre llamado Peter Connors, pero una mala jugada.
-Chúpame las bolas cara de zarigüella.
Sorbinus ignora la fina ironía del comentario de Peter. Tan solo hace un gesto y los esbirros de Madre Mary les ponen en pie
-Me complace deciros que no vais a morir. Quiero que seáis testigos de la llegada Enki, el auténtico Dios viviente.
-Enki no es un dios -le grita Thrud-. Hay dioses de verdad, y su grandeza no puedes llegar a entenderla.
-¿Esas patéticas manifestaciones de la ansiedad humana, del miedo de los mortales? Esos no son dioses. Sólo son humo, vuestro poder depende de algo tan volátil y ridículo como la fe. ¡Nuestro poder proviene del cosmos, de la ciencia, de la inmortalidad!
-Vaya pedazo de cabeza que tienes, colega, en serio, es muy grande.
Sorbinus atraviesa a Johny con el fuego de su mirada y solo responde un escueto, traedlos.
A punta de arma les llevan al centro de las ruinas del cañón del Chaco, a la estructura semicircular de piedra. En un hueco en una de las paredes hay varios glifos, pinturas e inscripciones. Hay una que les es de sobras conocida. La silueta de una mano. Sorbinus se acerca a ella y le hace un gesto a la copia de de Harry Street que, sin dudarlo, plantan su mano en la pared. Inmediatamente un resplandor azulado sale de la piedra y el suelo comienza a vibrar. La gravilla y las pequeñas piedras saltan. El mundo tiembla bajo los pies de todos los presentes, mientras el Gran Sorbinus eleva los brazos y la voz por encima del zumbido que se empieza a hacer atronador, llamando a su señor Enki. Un sonido parecido a un trueno, pero que no tiene nada de natural, rompe el día, rompe el aire. Duele en los oídos. El aire se empieza a hacer más pesado, como si una mano invisible les aplastara contra el suelo. Pronto la vibración no se nota solo en el suelo, también en el aire, como un espeso campo magnético. Y luego el color, un rojo que ardiente que tiñe de sangre y fuego las nubes claras del desierto que empiezan a abrirse como una cortina desgarrada por cuchillas afiladas. El zumbido es cada vez más ensordecedor. El temblor del suelo ya lo sienten en las tripas. Algunas piedras a su alrededor empiezan a levitar delante de sus jodidos ojos. Parece que la tierra misma se va a partir en dos. Hasta que llega el estallido final. La traca. Las nubes se abren y el zumbido se transforma en un sonido aterrador que acompaña al espectáculo demencial y absolutamente sobrecogedor que sucede delante de sus narices sin que puedan pestañear, ni mover un músculo por el puto asombro. Bueno, hay uno que sí, uno que sonríe como un niño grande y señala al cielo con una expresión maravillada en la boca y chillando cosas que sus compañeros no pueden oír por el estruendo, pero que básicamente se traduce en que Peter no para de gritar consignas como joder, alucinante, lo sabía y cosas por el estilo, hasta que se gira hacia sus compañeros y les gritan tratando de hacerse oír.
-¡Tíos! Estáis viendo eso. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La invasión de los girasoles mutantes 2. Proyecto Voz de Dios.

Episodio 24. Héores y hombres.

Sigue lloviendo. Maldito Leviatán. Madre Mary mira al frente, mientras el gran Sorbinus pasea en círculos. Aunque detrás tiene a miles de sus soldados, sus dos generales y su enorme poder, la presencia de ese ser y las dos moles descomunales de Nimord y Tifón, hace que le den ganas de salir corriendo, cosa que sabe de sobras que no puede hacer. Por fin Sorbinus se detiene y cuando habla, al menos no queda ni rastro de ese tono cordial tan falso que le pone de los nervios. Claro que su nuevo tono de voz hace que casi quiera gritar de terror, y pensaba que en este mundo no había nada capaz de asustarla.
-Solo te pedí, una cosa, hija de Eva. Solo quería al hombre llamado Harry Street. Yo he cumplido mi promesa, tu mundo es mucho más grande, tienes el primer paso a un gran imperio. ¿Dónde está tu parte del trato, hija de Eva?
-Se escaparon. En medio de la confusión. Son guerreros poderosos y tenían fuerzas sobrenaturales de su lado. Tu poderoso Leviatán tampoco pudo pararles.
-Es por eso que tú y tus hijos seguís existiendo.
Las palabras suenan como una amenaza, calramente, a lo que las tropas de Madre Mary responden con un rugido y el sonido de armas hambrientas.
Hay solo una respuesta. Tifón da un paso al frente y de su boca enorme y mecánica surge un rugido que hace temblar la tierra y una grieta se abre, incomesurable, inmensa y voraz, en medio de las tropas de Madre Mary tragándose varias de decenas de pobres almas que ni se enteran de dónde les ha venido la muerte.
-Aun estáis a tiempo, hija de Eva, de decidir que queréis sacar de todos esto. Un lugar prominente en el nuevo orden del universo, o la completa aniquilación.
Madre Mary se traga las lágrimas por sus hijos aniquilados en un segundo por esa criatura infernal salida de las entrañas de la tierra y del tiempo. Hace un gesto con la mano y sus tropas da un paso atrás.
-Ya tienes mi palabra de que te servimos incondicionalmente. Mi palabra es ley -dice.
-Me alegra oír eso. Pero no sería justo si no te advirtiera que no toleraré ni un fallo más. Me has costado tres pasos atrás. Y justo en la recta final, eso puede ser decisivo. De hecho el hombre llamado Harry Street ya no me es tan necesario. Te lo pongo aun más fácil. Solo necesito saber a dónde van él y sus patéticos amigos.
-Entonces -dice Madre Mary-, quizás la misión no ha sido un fracaso completo. No soy tan necia, Gran Sorbinus.
-Te escucho.

Bridge apoya la espalda en el cabecero de la cama. Solo son barracones prefabricados, pero joder, se han esforzado para dotarlos del mayor confort posible, y en sus condiciones, después de las semanas que llevan, ni el puto hotel Palace sería mejor. Laura descansa acurrucada, desnuda, tapada por una liviana sábana, en su regazo, sus bucles negros apenas dibujados por la tenue luz de una vieja lamparita de mesa.
-Bridge.
-Dime.
-¿Te acuerdas del mundo de antes?
La pregunta le golpea en el pecho como la coz de un caballo encabritado. Le recuerda que es varios años mayor que su amante y le es inevitable pensar, que en un mundo normal, sería un hombre joven, un chaval casi. En este es un viejo marinero con demasiadas millas a la espalda, demasiadas cicatrices y los ojos muy cansado, aunque menos que el corazón. Laura apenas sería una niña, pues él no era más que un chaval, cuando el primer girasol cayó sobre las ciudades, llenándolo todo, comiéndose el amanecer y el mundo.
-Sí. Me acuerdo. Pero ya es poco más que un sueño. Una vieja película.
-Apenas me acuerdo de las películas.
Viejo, viejo, viejo, le dice una voz en la cabeza. Al menos Peter es más viejo que yo. Pero, ¿cuánto vive un Nephilim? Estoy divagando.
-Pensé -dice tratando de espantar sus pensamientos-, que después de acabar con los girasoles, el mundo volvería a funcionar. Pero, si lo pienso, no creo que ya funcionara antes. No era un mundo que hubiera que haber recuperado, más bien habría que haber empezado de cero.
-Pues no empezamos. Este desierto, este erial, no es ni principio ni final. Es solo un limbo en la historia.
Bridge sonríe. Le acaricia el pelo y piensa con satisfacción en el brillante cerebrito que hay detrás de esa cara perfecta y esos bucles negros.
-Pero -piénsalo, prosigue Laura-. Las peores condiciones pulen joyas increíbles. ¿Qué eras tú en el otro mundo?
-Un conductor de autobús que quería estudiar y ser profesor de historia.
-Y no está mal. Aquí, eres un héroe. Tu nombre es conocido en todas las direcciones posibles y los tipos más duros del yermo se lo pensarían dos veces antes de meterse conmigo. Y eres mi héroe.
Bridge sonríe, besa a Laura y le dice. Anda calla, boba, y duérmete. Tenemos que descansar.

Johny sigue bebiendo, el bar nunca cierra si hay una garganta seca o un alma solitaria. Normalmente van juntas. Toca la canción de Juicy, y es la suya por que Juicy escribió la letra hace muchos años. Celine le hace un gesto con una jarra de cerveza.
-Tienes talento, no me extraña que Peter te cogiera tanto cariño. En el fondo siempre ha sido más artista que guerrero.
-Joder, pues lo disimula muy bien.
-Sí -dice Celine sonriendo ampliamente-. Que sea artista no quita que siga siendo un psicópata sádico.
Los dos ríen y beben.
-Joder -dice Johny-. Esto es muy raro. Estar aquí bebiendo contigo. Tuve que salvar el mundo de ti. Y ahora tengo que salvarlo contigo. El guionista de todo esto tiene demasiado tiempo libre o está como una puta cabra.
-¿Crees que todo está escrito?
-Joder, es demasiado demencial para ser casualidad, ¿no?
-Si. Pero también emocionante.
-Eso es verdad.
 Celine apura su cerveza y se levanta. Es tarde. Mañana tenemos más millas, más desierto.
-Más peligros.
-Hasta mañana.
Celine le apolla la mano en el hombro y sale de su campo de visión. Johny, sin levantar la cabeza de la guitarra, no puede contenerse, maldito alcohol, y pregunta, arrepintiéndose inmediatamente después.
-¿Celine?
-¿Sí?
-¿Por qué matarle? ¿No podías solo irte?
Celine sonríe pero no mira a Johny. ¿La pregunta del millón, eh?
-¿Quiéres saberlo? -Añade.
-Diablos, sí. Seguramente lo olvide mañana -dice Johny pegando un trago a sus cerveza, siempre con la mirada perdida en el frente, los ojos ocultos bajo la sombra del sombrero.
-Porque no le amaba.
-No entiendo.
Celine toma aire.
-No soportaba ver como ese puto loco me amaba. ¿En qué me convertía? El ser más despiadado del planeta hubiera dado su alma, coño, su puta espada de los cojones, por mí. Y yo no era capaz de amarle. Y una vez lo hice. Eso me hubiera destruido. Soy mala, pero no tanto. ¿En qué me convertía eso?
-¿En una persona normal y corriente? Todos la cagamos, él el primero.
-Supongo que sí. Ese puto mundo nos jodió a todos. En fin, el caso es que preferí alejarlo para siempre de mi vida.
-Joder -dice Johny-. Estamos como una puta cabra.
-Somos hijos de nuestra época.
-Celine.
-¿Sí?
-No creo que lo haga. Pero si te pregunta no le cuentes eso.
-No pensaba. Pero tienes razón. No preguntará.
Celine vuelve a palmearle el hombro y se dirige a la barra. Diez segundos después ella y uno de los camareros ríen con complicidad. Johny enciende un cigarro y empieza a tocar un viejo blues sobre aquellos que se van a dormir solos en noches tristes.


Harry y Caroline comparten habitación. Y aunque están en silencio, tumbados en la cama, ninguno de los dos puede dormir. De la calle llegan las voces de los últimos borrachos y las últimas luces de la ciudad se van apagando. Harry no tiene recuerdos de haber fumado nunca, pero en ese momento le apetece rabiosamente un pitillo.
-Se lleva mejor con el tiempo -le dice Caroline.
-¿El qué?
-La falta de pasado. La sensación de irrealidad. La idea de pensar que eres un monstruo y no una persona.
-Perdona. A veces te centras en tus propio problemas y piensas que los demás viven en un mundo de rosas. Se me olvidaba que tú también -no sabe como acabar la frase.
-Que yo también salgo de un laboratorio.
-Eso. ¿Tampoco tienes recuerdos de antes?
-No, no. Yo tengo más suerte que tú, supongo. El proyecto secreto del gobierno contemplaba una familia de acogida falsa que me debía dar un falso entorno familiar hasta que llegara la hora de entrenarme, supongo que para que no me volviera majara del todo. Pero trata de ser un niño normal con el doble de fuerza, que nuca se pone malo, que se rompe una pierna y se le cura en dos días y que puede conectarse a los ordenadores solo con mirarlos -Caroline se ríe.
-No salió bien, ¿no?
-No, puedes apostar tu culo a que no. A lo siete años vinieron y se me llevaron. Me enteré de todo y descubrí que mis padres eran solo dos agentes del gobierno. Eso no destruye la psique de ningún niño, que va.
-Estoy seguro de qué no.
Los dos se ríen durante unos segundos.
-Luego vino el entrenamiento, alguna misión. Y luego -Celine calla por un segundo.
-Los girasoles.
-Los putos, malditos girasoles mutantes y la jodida Corporación de Celine y sus amigos.
-Tuvo que ser horrible.
-Ni te imaginas. Una auténtica pesadilla sin algodones que la suavizaran. Luego me hice cazarrecompensas. ¿Qué otra cosa podía hacer con mis cualidades? Hasta que en una misión, muy bien pagada, pero falta de detalles por parte del contratante, mordí un hueso más duro de lo que podía roer.
-¡No me jodas! -Dice Harry incorporándose en la cama- ¿Tenías que cazar a Peter?
-Por aquella época nadie conocía ese nombre. Todo el mundo se aterrorizaba si mencionabas al Doctor Spawlding, pero Peter Connors solo era un vagabundo que debía haber cabreado a alguien. Se pasaba el día en un bar de las ruinas de San Antonio. Parecía un trabajo fácil. Así que una noche le seguí hasta un callejón.
-¿Y?
-Cuando vi las alas, los ojos negros y el fuego angélico ya era demasiado tarde y estaba con el culo mordiendo el polvo y la punta de Tadeusz en mi garganta. Vi esos ojos y fue la primera vez en mi vida que sentí miedo.
-He visto a Peter en acción. ¿Cómo coño sigues viva?
Caroline se vuelve a reír y a Harry le paree que es la primera vez que la chica se relaja desde que la conoce.
-Guardó la espada. Me miró y me dijo, estás demasiado buena para matarte. Me ayudó a levantarme y añadió, creo que necesitas un socio.
Los dos vuelven a reír. Sí, dice Caroline, ese hijo de puta ha visto demasiadas películas, pero hay que reconocerle que tiene estilo. Luego se pone un poco más seria.
-Se lo que la gente ve en él, un auténtico monstruo. Pero es la única familia que he tenido.
-Para mi lo sois todos.

Se reúnen en las puertas de los sótanos de la ciudad, muy temprano, cuando el sol aun está haciendo las paces con el desierto.
-¿Y Peter y Ángelo? -Pregunta Laura.
-Ángelo no estaba cuando me he levantado -dice Johny-. Habrá ido a desayunar y se le habrá ido el santo al cielo.
-Peter tampoco estaba cuando me he levantado -dice Thrud.
-Está atendiendo un encargo personal mío. Luego nos reuniremos con él -dice Juicy-. No perdamos tiempo.
Les guía por las red de túneles que hacen del almacén y arsenal de la ciudad mientras Juicy habla a toda velocidad. Ha abandonado su atuendo más informal por uno mucho más táctico, con pantalones cortos caquis y una camiseta de tirantes negra. De una cartuchera doble en los costados cuelgan dos pistolas.
-Mis hombres están cargando armas y munición en vuestra tartana. En serio tengo vehiculos de combate, ¿de verdad queréis ir en eso?
-Sin ninguna duda -dice Brdige, algo ofendido.
-Empiezo a creer que ese trasto algún día atravesará las puertas del infierno -dice Johny.
-En fin, como queráis -prosigue Juicy-. Por desgracia las servoarmaduras de la ciudad tienen dueño y no dispongo de muchas. De todas maneras, da igual. Hace falta mucha instrucción para usarlas. ¿Alguno sabe?
Johny levanta, la mano. Celine después y Harry también. Todos le miran sorprendidos.
-Recordad que tengo un montón de mierda metida en la cabeza. El uso de una servoarmadura estándar es una de ellas.
-Perfecto, por que no tengo mucho más. Excepto para ti y para ti -dice señalando a Celine y Johny.
Llegan a una inmensa puerta metálica que se abre a su paso y se quedan boquiabiertos. Pasillos y pasillos de armamento y equipamiento militar de todas clases. Juicy les lleva a una sala y les empieza a entregar maletines. A Harry uno verde militar, una servoarmadura en perfecto estado del mismo modelo que la que Nimrod le destrozó a Peter. Y a Johny le entrega otro de color rojo.
-¿Qué es esto?
-Es una Miltitude Dragon -dice Celine-. De los Delta  Force. No te dejes engañar por el color. Tiene sistemade camuflaje. Es una puta joya.
-Chica lista -dice Juicy-.Y para ti, por ser una chica mala  -Saca un maletín de color negro con el esquema de un águila dorada sobre un ancla, sujetando con las garras un tridente y una pistola de pólvora-. Tienes mucha suerte. Esta tipa debía ser muy alta, creo que es tu talla.
-¿Estás de coña? -Dice Celine-. Una Nighlady de los S.E.A.L., apenas pudieron usarlas. Y menos el modelo de mujer. ¿Cuántas pueden quedar de esas?
-No muchas, así que cuídala, la quiero de vuelta. Para vosotras, chicas, lo siento, no tengo nada de vuestra talla -les dice a Caroline, Laura y Thrud- Pero ropa de combate y operaciones especiales con algo de blindaje sí.
-Tranquila, ya sabes que yo llevo mi armadura por dentro -dice Caroline.
-Y yo soy una semidiosa, no es fácil matarme -dice Thrud y su cuerpo empieza a brillar levemente.
-Y supongo que para mi tampoco -dice Bridge-.
 -En realidad, sí -dice Juicy sonriendo-. Pero nada tan, digamos sutil.
Se acerca a una inmensa cápsula de metal semioculta por las sombras en un rincón y toquetea un panel de números. Tras varios ruidos de engranajes la cápsula se abre y una luz verdosa llena la estancia.
-Bridge, te presento al Exoesquelto Goliat Némesis V.21. El abuelo de las servoarmaduras.
-¡No me jodas! -Dice Johny-. Eso debe tener como doscientos años.
-Más o menos -dice Juicy con entusiasmo- Pero este está en su cápsula original y en perfecto estado. No necesita entrenamiento, te lo pones y potencia tus movimientos y te da blindaje. Además de la capacidad de levantar un coche y lanzarlo, derribar una casa, etc. Dos cañones pesados blaster a la espalda con sistema de apuntado por la guía del casco. No son muy precisos, era un prototipo, pero para barrer un área, te servirán.
Bridge se acerca. Juicy aprieta el interfaz de control y le susurra al oído unos números. Bridge lo repite en voz alta. Una voz de robot dice, diga nombre y rango, por favor. Bridge se queda sin saber muy bien que decir y luego, azuzado por Juicy, repite su nombre. Capitán Thelonius Bridge. Supongo, añade en voz baja. A sus órdenes capitán Bridge. El exoesqueleto se abre y deja visible el asiento, los huecos para las piernas y los huecos para las manos. Varias barras de super aleación protegen al portador. Bridge se sienta, lo ajusta todo y el exoesqueleto se cierra. Bridge se mueve y la maquina, con sorprendente fluidez reproduce sus movimientos. Exultante, sale del complejo para probar su nuevo juguete al aire libe. Pasa delante de sus compañeros y Harry le da un codazo a Johny. ¿En serio le hemos dado esa monstruosidad con una capacidad de destrucción sin igual a Bridge? Johny se echa las manos a la cabeza y se ríe.
-¿Crees qué el Anunnaki ese nos aceptará en su bando?
Todos se ríen y Juicy les para.
-¿En serio, eso os llama la atención? ¡Qué se llama Thelonius! El todo poderoso Bridge se llama Thelonius. 
Y ahí, hasta a Laura se le escapa una risa.

Fuera, en un amplio patio. Prueban sus nuevas armas para hacerse a ellas. Las servoarmaduras van de maravilla e incluso la de Celine, negra reluciente, parece que le resalta aun más la figura. La pena es que solo la de Harry tiene casco, un casco estándar de marine, pero de super aleación y gafas tácticas conectadas con la armadura que le dan lecturas de su estado, de los enemigos, del terreno o de cualquier cosa de interés táctico. Bridge se divierte en reducir a hierros un viejo coche oxidado. Entonces una figura se planta delante de ellos. Lleva una servoarmadura de extraño diseño, negra como la noche, sencilla y hermosa. Como si la hubiera acabado un artesano. El casco recuerda vagamente al de un soldado espartano, solo que un cristal negro tapa la cara de su portador.
-¿Te ha costado mucho? -le pregunta Juicy.
-Casi me mata, la muy hija de puta, al final parece que nos llevaremos bien.

Aun sin camiseta Peter contempla como Thrud duerme y se pregunta con qué soñarán las Valkirias. Se viste, le da un beso en la frente y sale por la puerta. Delante de la puerta que le ha mostrado Juicy un par de horas antes, no duda en teclear el código que la abre y entrar. En medio de la sala hay una servoarmadura. Negra. Muy negra. No tiene nada de especial, si no fuera porque parece estar viva. Latente. Porque parece observarle. Esperar a ver que hace. Esa armadura es solo un rumor. Nadie creía que se hubiera fabricado. Multitude, la gran empresa de armamento del siglo XXII siempre negó su existencia. Entre otras cosa porque llevaba implementada una inteligencia artificial que, según decían, había tomado una especie de conciencia propia y solo dejaba que la usaran guerreros que la armadura consideraba dignos. La leyenda decía que el proyecto se canceló porque muchos soldados murieron en las pruebas. La leyenda decía que Multitude había echado el guante a tecnología alienígena y la estaban implementando en sus nuevas creaciones. La armadura, Soulreaver, que ahora Peter tenía delante, incluida. Peter sospecha que esa tecnología era de creación anunnaki. Algún dispositivo milenario de esa raza cayó en manos de la poderosa compañía. La armadura se Llamada así en clave porque la armadura entraba en simbiosis con el portador, pasaba a formar parte de él a nivel neuronal y celular potenciando sus capacidades desde dentro. Peter se pregunta que podrá hacer con sus capacidades de Nephilim. Así que sin pensarlo se la empieza a poner. Cuando se pone el casco, oye un click y la armadura se activa. Sin fuente de alimentación, alimentada directamente por la emergía vital del portador. Peter siente un dolor en todo el cuerpo. Al acoplarse a nivel celular a él, la armadura hurga en todo sus ser, como un animal reconociendo un territorio extraño en el que le acaban de soltar. Cae de rodillas. El dolor es inhumano. Grita. Y luego oye una voz en su cabeza.
¿Quién Eres?
-Soy Peter Connors.
Eres  fuerte. Nos gustas. De pronto el dolor cesa y Peter siente como si pesara menos. Se siente lleno de fuerza y vida.
A tú servicio, Peter Connors. Seremos uno contigo. Lucharemos hasta el fin. Peter se siente más fuerte. Su energía Nephilim vibra con mucho más poder y cuando recoge a Tadeusz del suelo, es como si la armadura la reconociera y tiene claro algo que también sospechaba, que su vieja espada es también creación anunnaki.

Peter se quita el casco y Thrud se le echa encima para darle un beso. Acaricia la armadura y dice, es asombrosa.
-Vaya juguete, ¿no, hermano? -dice Johny.
-No está mal -responde, Peter-. Con esto tendré alguna posibilidad frente a Nimrod.
-Venga -dice Bridge-. Si parece que vas de gala. ¿Puede hacer esto?
Bridge coge el coche con el que estaba jugando y lo dobla por la mitad.
-¡Por todos los dioses! -Dice Peter-.  ¿Cómo le habéis dejado eso a Bridge?
-Muy gracioso.
-En serio -dice Harry-. ¿Qué puede hacer?
Peter se acerca a una furgoneta abandonada, desenvaina a Tadeusz, que brilla con el color negro del fuego angélico y de un mandoble corta el viejo vehículo por la mitad.
-¡Joder! -dice Celine-. Juicy. Has creado un monstruo.
Juicy está hablando con uno de sus hombres y luego se acerca a ellos.
-Chicos, tengo malas noticias. Angelo salió esta noche con uno de nuestros coches. No dijo a dónde, solo, que os dijéramos que volverá. Que os verá dónde ya sabéis.
Hay un par de minutos de confusión, pero todos saben que no pueden ir a buscarle. Solo pueden esperar que de verdad vuelvan a verle y en el fondo, no saben muy bien por qué, entienden que se ha ido por alguna buena razón. Se dejan las armaduras puestas, no saben lo que van a encontrar. Goliat va agarrado, a una orden de Bridge, al techo de Betsy. Se despiden de Juicy sin hacer demasiados dramas, como guerreros curtidos que son. Betsy sale de la  ciudad muy entrada la mañana y el desierto parece enorme. No están muy animados. Nadie dice nada, hasta que Harry le susurra algo al oído a Peter que se empieza a reír como nunca.
-¿En serio? ¿Te llamas Thelonius?
-¡Qué os jodan!

miércoles, 24 de agosto de 2016

La invasión de los girasoles mutantes 2. Proyecto Voz de Dios.

Episodio 23. En la oscuridad, Las Tres.

No es tanto una ciudad como un reducto de indeseables, una guarida para despojos que vagabundean por el desierto, aquí allá, perdidos en los asuntos más turbios, buscando algo que nunca encontrarán y que incluso, muchos de ellos, olvidaron hace tiempo. Ladrones, caza recompensas, asesinos, mercenarios. Aunque es difícil saber la diferencia, los límites entre una de esas profesiones y la otra. Ese es el tipo de gente que frecuenta Fall Dawn. Su gobernadora, Juicy Lopes, lo lleva con mano dura, apoyada en una milicia absolutamente leal, bien entrenada y bien pertrechada. Dentro están terminantemente prohibidas las peleas. Es un lugar de descanso y de negocios. Nada más. Sobrevivió oculto a La Corporación y Lopes quiere que siga siendo así. No entras en Fall Dawn si no tienes invitación. Y esa invitación es una reputación de lo más dudosa. Oculta en un cañón del desierto, la ciudad se alza oscura tras unas robustas murallas, lejos de ojos curiosos y protegidas por cañones de plasma y francotiradores las veinticuatro horas del día. Pero hay algo más dentro, a parte de refugio y asuntos turbios. Y eso es lo que Peter está buscando y por lo que están allí, a pesar de que su relación con la gobernadora Lopes siempre ha sido un tanto tirante, debido al curioso talento de Peter para atraer problemas. Bueno quizás todas las relaciones de Peter son algo tirantes. Durante los años de vagabundeo con Johny solían descansar y buscar avituallamiento allí. Luego, en su vida posterior, en sus correrías con Caroline, solían acudir a cerrar tratos y cobrar trabajos. Ahora esos días parecen lejanos. Por fuera una austera muralla, pero por dentro es un hervidero lleno de vida. Neones marcando todo tipo de negocios, desde comida rápida a armas de cualquier tipo y calibre. Esclavos, drogas y comidas que son versiones solo vagamente parecidas a platos de varias partes del mando, del viejo mundo, el mundo que desapareció en la locura. En el centro, el neón gigantesco del local principal de la ciudad. The Bakery. Es un bar grande, una gran sala rectangular con una larga barra, billares desvencijados y una vieja máquina de discos, que en este momento está apagada, por que una banda de música mexicana rasga notas, viejas canciones, con aire distraído. Allí están, sentados en una mesa, con una jarra de una cerveza bastante aceptable y muy callados, sin demasiadas ganas de darse a la conversación después de los días anteriores. Peter se siente incómodo, no sabe por qué, apura su cerveza, le da un beso en el cuello a Thrud, coge también la jarra de ella y se encamina hacia la barra. Johny se ha puesto a tocar con los músicos y cuando pega un buen trago siente que se le calma un poco la desazón. Pero le dura poco. Un tipo con aspecto de hueso duro de roer, se ha sentado al lado de Thrud y trata de flirtear con ella. La valkiria le ignora y el tipo centra sus atenciones en Celine. ¿Y qué dices tú, morena? ¿Quieres pasar un buen rato? La respuesta de Celine es lanzar un cuchillo que se clava en la mesa al lado de la mano del hombre.
-Lárgate, paleto.
Un segundo. El hombre cambia la expresión de su rostro. Ríe y se dirige a un nutrido grupo de rufianes que beben en las mesas del fondo.
-Vaya, chicos, creo que he encontrado a la futura señora Klimes -los interpelados ríen la gracia y el hombre llamado Klimes vuelve a clavar una mirada de odio en Celine-. O a lo mejor dejo que toda mi banda se divierta contigo mientras tus amigos miran. ¿Qué me dices fortachón? -dice mirando a Bridge, que está sentado junto a Celine-. Estoy seguro que eso te gustaría.
Bridge hace el ademán de levantarse pero Celine le detiene con la mano y con la otra desenfunda apuntando a la cara de Klimes. A la espalda de este el ruido de armas amartillándose y sillas y mesas arrastradas por el suelo responden por él. La banda ha dejado de tocar y Jonny, subido a una mesa, apunta también al hombre con las dos pistolas y busca con el rabillo del ojo a Peter, aunque el sonido escalofriante de Tadeusz saliendo de su vaina le sirve de indicador. Aún jugando con la baza de Peter y sus poderes, la banda de Klimes les supera en más de dos a uno.
Está sopesando sus oportunidades cuando una voz de mujer llega desde la puerta. Es una mujer con un pelo corto y dos ojos marrones que brillan en la penumbra del bar como dos ascuas traviesas.Viste un vestido azul muy liviano, que contrasta con el paisaje de armas y ropa de guerra que impera en el local. Es escoltada por seis tipos enormes y bien armados. Se acerca a la barra, le hace una seña al camarero y en seguida tiene en la mano una copa de champán. .
-Señor Klimes. Es un placer tener la compañía se sus hombres en mi pequeña ciudad.
-No quiero problemas con usted, señorita Lopes.
-¿Conmigo? No, no lo entiende, señor Klimes. Conmigo no tiene ningún problema. Es usted no de los tipos mas duros del desierto. Eso sin duda. Pero creo que esta vez ha pescado un pez muy grande.
-¿Esta basura? Sólo nos estábamos divirtiendo con ellos.
-Ya -dice Juicy Lopes sonriendo y dando un sorbo a la copa-. El problema es que ese tipo de ahí, el de la espada, tiene poco sentido del humor. Y usted ha viajado lo suficiente como para preguntarse por qué un tipo va por ahí con una espada. O más bien, quién es el que va por ahí con una espada.
Klimes mira a Peter de arriba abajo y de pronto cae en la cuenta. El nombre Peter Connors se le escapa de los labios.
-Exactamente, querido amigo. Pero no solo eso. Ese muchacho tan teatral de las dos pistolas enormes es Johny Walker -Johny saluda a Valery tocándose el sombrero con el cañón de una de las pistolas-. Y si la intuición no me falla, ese chico rubito de ahí, no debe ser otro que el mismísimo Bridge, el tipo que acabó con los girasoles. Y por los muchos rumores que he oído, esa morena patilarga debe ser Celine Delpy, la comandante de las fuerzas de caza de la Corporación.
-¿A quién llamas patilarga, señora?
-Así que, señor Klimes. Estoy segura de que una parte de usted, esa parte de guerrero rudo, le está susurrando si todo lo que cuentan de esta gente es verdad. Si no podría vencerles. Pero si quieres un consejo de amiga, ni lo intentes.
Apoyando las palabras de Lopes, Peter enciende su puño con fuego angélico.
Klimes hace un gesto a sus hombres y las armas vuelven a sus fundas. Se levanta saluda con la cabeza y dice, lo siento señorita Lopes. Nada de pelea en The Bakery. Son las normas. Lego vuelve a la mesa con sus hombres y sigue bebiendo en paz.
Juicy se acerca a los compañeros, se planta delante de Peter.
-Tienes muchos cojones dejando ver tu bonita cara por aquí.
-Ya me conoce, señorita Lopes.
La mujer le responde con una sonora bofetada que hace que Thrud se levante y desenvaine sus espadas. Peter le hace un gesto de calma con la mano. Juicy mira por encima del hombro y sonríe.
-No me digas que el lobo solitario de corazón roto se ha echado una gatita que araña por él.
Y los dos se abrazan entre risas. Luego Juicy abraza a Johny y Caroline.
-De verdad, que Caroline siga con este perdedor es normal, la pobre tiene un corazón enorme. Pero tú, Johny, ¿en serio?, ¿otra vez echando tu vida a perder con el psicópata este?
-Ya me conoces, Juicy, las causas perdidas son mis favoritos. En el fondo le debo tener cariño al cabrón este.
-Si, es que en el fondo se le coge cariño.
-¿Qué te ha pasado en el pelo, pequeña? -Le pregunta a Caroline que se enfurruña.
-No me hables.
-Tuvo suerte -dice Peter-. Pudo haber sido esa cara tan bonita. Además, estás más guapa así.
-Tonto.
-Y este es el gran Bridge, nada menos.
Bridge se ruboriza, encantado, señora. Señorita, responde Juicy.
Beben durante un buen rato, contando anécdotas, riendo, poniéndose al día, dejando por un momento que los problemas, el puto fin del mundo, lo que sea, se quede fuera de las puertas de aquel saloon del siglo veintidós. Juicy le coge la mano a Peter, en un gesto de amistad y camaradería que Bridge, por ejemplo, jamás ha visto, De hecho, lo más normal era que cuando alguien tocaba a Peter, acabara muerto. Sale el tema de cuando aquella vez, luchando contra el monstruo mutante Zarrapastro, Bridge casi le vuela la cabeza a Peter.
-Joder, fue una accidente, Todo era muy confuso -dice Peter.
-Los accidentes te persiguen, paleto -responde Peter, sonriendo, haciendo una broma llena de nostalgia a la noche en que se conocieron, Brdige, Johny y él en medio de una ciudad en llamas infectada de girazombis.
-Y esta preciosidad rubia, ¿de dónde la habéis sacado? -dice Juicy, cogiendo la mano de Thrud.
Peter sonríe y mira a la valkiria y le dice, enséñaselo. Ésta solo sonríe, mira a Juicy y los ojos le empiezan a brillar con un fulgor dorado que llena la sala. Varios ojos curiosos están tentados de mirar, pero deciden que es mejor enterrar la nariz en sus bebidas.
-¿Qué coño? -intenta decir Juicy-. ¿Es otra de las tuyas? -Le pregunta a Peter.
-No. Una Valkiria.
-Soy Thrud, hija de Odín, Padre de Todos.
-Me cago en el puto Jesús crucificado y en todos sus santos maricas. Necesito otro trago -la mujer hace un gesto a la camarero-. Girasoles mutantes vale, pero esto es demasiado -Y acaricia con la mano en la cara a Caroline, que se acurruca en el regazo de la mujer-. Pero tengo que añadir, que entre mutantes, medio demonios sociópatas y toda esta mierda, lo que más me llama la atención es esta señorita de aquí -y señala a Celine. Y luego mira a ésta y a Peter-. ¿Me lo explicáis?¿Ya no os queréis matar?
-No tan rápido -dice Peter y entierra la cara en la jarra de cerveza.
-Es una sociedad. Solo negocios. Y posibilidades de supervivencia. Lo que aquí, mi querido ex novio no suele contar, es que le he salvado la vida un par de veces en las últimas semanas.
-¿Entonces estamos en paz, no? -le dice Peter sonriendo con malicia. Celine le tira un beso y Thrud, de forma casi imperceptible, pero firme, se coge del Brazo de Peter.
-¿Y tú, Johny? ¿Nos darás un concierto?
-Si nos quedamos lo suficiente sí, y por supuesto tocaré tu canción.
-Hablando de eso -continua Juicy-. ¿Sigues escribiendo, Peter Connors?
Éste la fulmina con la mirada y aprieta los labios al tiempo que tensa todo el cuerpo.
-¿Perdona, qué? -Pregunta Bridge reprimiendo la carcajada.
Johny se empieza a reír. Y Celine por lo bajo. Y Juicy abre mucho los ojos.
-¿Qué pasa? no me digas que el despiadado Peter Connors no quiere que la gente se entere de que es un poeta. ¿Tanto te importa tu reputación?
-Espera, espera, espera -dice Bridge. Harry y Angelo miran con caras divertidas-. ¿Escribes poesía? ¿El guerrero más temido del oeste escribe poesía?
Y la carcajada se apodera de la mesa. El único que no se ríe es Peter, que salta por lo bajo un escueto hijos de puta, y bebe otro trago de cerveza. Pero el cabreo se le pasa cuando Thrud le besa y le susurra al oído, mi guerrero skalda.
-Además -dice Celine-. Es muy bueno, que es lo peor. ¿Cuántas me escribiste?
-Demasiadas.
-Joder -interviene Juicy-, lo que contabas de ella era poco. Es toda una serpiente.
-Gracias -dice Celine con una enorme sonrisa.
-Pues un brindis. Por los viejos y los nuevos amigos.
Angelo y Harry, que han estado en silencio pero sonriendo todo el rato, brindan con alegría, felices de haber encontrado algo parecido a una familia. Demente y homicida, pero familia, al fin y al cabo.
Pero tiene que llegar. Un momento de silencio y por fin Juicy pregunta.
-Chicos. ¿En qué os habéis metido? El mundo está revuelto. Llegan noticias muy confusas de monstruos y guerras. Dicen que San Francisco ha caído y que Las vegas ha desaparecido.
-Estábamos en los dos sitios. Venían a por nosotros. Escapamos por los pelos. -Dice Bridge.
-¿Quién venía a por vosotros?
-Qué, más bien -Dice Laura.
-Realmente vienen a por mi -añade Harry-. Y no sabemos muy bien por qué.
-Yo empiezo a tener una idea, Juicy -interviene Peter-. Y me estalla la cabeza de pensarlo. Necesito hablar con ellas.
-Peter. Sabes que las alteras, lo que sea que llevas dentro conecta con ellas de una manera extraña. Les haces daño.
No te lo pediría si no fuera necesario. Sabemos donde tenemos que ir. Pero quiero hacerme una idea antes de llegar allí. Quiero que vean a Harry. Creo que en lo que estamos metidos puede poner en juego el futuro dela raza humana. Algo que haría que los girasoles pacieran un juego de niños.
Juicy niega con la cabeza. Bebe un trago de cerveza. Coge a Peter de la mano y dice, vamos pues. Si hay que hacerlo hagámoslo ya.
A Peter siempre se le encoge el corazón. Los demás, incluso Johny y Caroline, jamás las habían visto. Están en una sala oscura con un cristal que les separa de otra habitación. La única luz viene de esta habitación y se cuela por el cristal con tonos azulados y verdosos. Bajo el cristal un enorme panel con pantallas y todo tipo de gráficas y lecturas. Y tras el. Ellas. Las Tres. Descubiertas varios años después de que la ciudad empezara a funcionar. Nadie sabe quiénes son, qué son. Tres mujeres rubias, de edad indeterminada, unidas a una inmensa red de tubos, circuitos y engranajes que se hunden en el subsuelo, nadie sabe hasta dónde, cuantos metros. Son la parte visible de un engranaje que desafía la razón, la historia. La ciudad vive en simbiosis con ellas, alimentan sus generadores, dan consejo, pues ven más allá, aun encerradas en aquel cubículo y sobre todo teniendo en cuenta que de sus ojos salen tubos que se hunden en la maquinaria de la que forman parte. Peter entra en la habitación y una voz terrible surge de la nada, o de todas las partes. Sería imposible saber cual de las tres habla.
NEPHILIM, dicen, POR QUÉ NOS TURBAS.
-No lo haría si no fuera necesario. Necesito vuestra sabiduría.
EL MUNDO TIEMBLA NEPHILIM. LLEVAS EL FUEGO CONTIGO.
-Así es. Algo nos persigue. Algo QUE creo que es tan antiguo como vosotras. Por eso he pensado que...
HAY ALGUIEN MÁS CONTIGO AHÍ DENTRO, ¿VERDAD NEPHILIM? ES A QUIEN QUIERES QUE VEAMOS.
Las tres mujeres no se mueven, no cambian su expresión en esos rostros llenos de cables y tubos. Pero todos pueden sentir su desazón. Peter le hace un gesto a Harry y éste tiene que hacer un enorme esfuerzo para no salir corriendo del terrible agobio que siente nada más entrar en la estancia. Hace un calor de muerte y la visión de las mujeres incrustadas en ese caos de cables y tubos no ayuda. Un líquido transparente y viscoso cae por todos lados y hace el suelo pegajoso. Alguno de los tubos palpitan bajo el flujo de ese líquido que parece ser la sangre, la salvia que alimenta la maquinaria de ese ser.
ACÉRCATE. NO TE VEMOS BIEN.
Harry mira a Peter y se acerca a las Tres.
Pero estas gritan. La habitación tiembla. Y solo dos palabras salen de esa creación demencial. ANUNNAKI, IGIGI
Peter tiene suficiente, le dice a Harry que salga.
POR QUÉ HAS TRAÍDO ESA CREACIÓN IMPÍA. LOS CREADORES VOLVERÁN. TODO VOLVERÁ A EMPEZAR.
Sale de la habitación para encontrarse con la mirada desaprobadora de Juicy.
-¿Encontraste lo que querías?
-Sí. Y estamos jodidos.

La mitología sumeria habla de Anunnakis, dice Peter. Dioses venidos del cielo que crearon la humanidad para esclavizarla como mano de obra. Nos dieron razón y hálito vital.
-¿Y? -preunta Laura. Que calla inmediatamente al pensar en la valkiria, el medio demonio y todo lo que tiene alrededor.
-Una teoría surgió en el siglo XX. No era más que una tontería, un entretenimiento post moderno. Pero mucha gente se la creyó.
-Que los anunnakis eran extraterrestres -Añade Bridge. 
-Exacto.
-Y qué ellos nos crearon -Bridge acaba su propia frase con un hilo de voz.
-Esperad, que yo lo entienda. Decís que hay una raza de super extraterrestres que nos crearon, que todos los mitos son falsos -grita Caroline-. ¿Hola, medio demonio? ¿Hola, valkiria?
-Vosotros nos careasteis -dice Thrud-. Al creer en nosotros. Ahí está la grandeza de vuestra especie. Vuestra imaginación es como un reactor nuclear. Vuestra fe mueve montañas. El principio ni siquiera nosotros lo tenemos claro. Y menos yo. Hace menos de dos mil años que empezasteis a creer en los míos. Y mil que nos olvidasteis. Nos apagamos. Solo los que decidimos tomar cuerpo, arriesgándonos a morir, tenemos algo de luz. Deberíais preguntar a algún dios más viejo.
-Como tu padre -le dice Johnny a Peter-.
-Olvídate, mi padre se escondió en un agujero muy oscuro y no creo que vaya a salir.
-Vale, vale, vale -interviene Ángelo-. ¿Y qué pinta Harry en todo eso?
-Visto lo visto -dice Bridge con la mirada perdida en alguna parte-, si me preguntas a mí, y por la cara de Peter, creo que piensa lo mismo, creo que Harry es la llave, de alguna manera, para volver a traer a la tierra a los Anunnaki de los cojones.
-He visto a alguien -dice Harry-. En sueños. Un niño que me dice que le busque.
-Premio -dice Peter-. Si me preguntas diría que ese es Enki, el lider de todos los Anunnakis. Creo que algo pasó, se tuvieron que ir y no pueden volver. Pero dejaron una llave, un rastro genético, y los humanos del siglo veinte fueron tan idiotas de crear esa llave.
-Así que por eso te busca Sorbinus -dice Laura. 
-Ese Sorbinus -añade Bridge cogiéndola de la mano-. Debe ser un igigi, una raza creada por los Anunnakis para gobernarnos. Y el Leviatán y todo lo demás, monstruos tecnológicos perdidos en el tiempo de creación alienígena. Armas creadas por una raza mucho más avanzada que la nuestra.
-Joder -interviene en ese momento Juicy-. Sois únicos, de verdad. Ese talento para estar siempre al pie del cañón ante una eminente extinción de la humanidad es para hacérselo mirar. Pero si no he entendido mal. Si tú, Harry, eres la llave, con no ir. con alejarte de ese sitio al que se supone que ibais, arrelgado, ¿no?
-No es tan fácil -responde Peter-. Quién sabe cuantos Harrys puede haber, vimos un laboratorio. ¿Cuantos más habrá escondidos en el mundo? Si Sorbinus encuentra uno se acabó. Nuestra única ventaja, es que por lo que parece, no sabe donde están los mecanismos, la máquina, la puta puerta o lo que se suponga que cojones haces funcionar. Tenemos que llegar antes y destruirlo.
Las palabras de Peter se quedan flotando. Hasta que Ángelo se levanta y dice, pues estamos tardando. llegados a este punto.
Bridge se levanta después y se echa la escopeta al hombro y Johny, se enciende un cigarro y dice, yo es que si no salvo el mundo cada cinco años me falta algo por dentro.
-¿Y tú? -Le pregunta Peter directamente a Celine-. Ya has visto que no hay tajada que sacar.
-Mira, nene. Vamos a un reducto extraterrestre que nadie en milenios ha visto. Me da que algo habrá de interés. Y por si eso fuera poco, a lo mejor no te has dado cuenta, por que no paras de mirar a la rubia fantasma esa, pero no soy idiota y tampoco me apetece palmarla. Así que vamos, joder. 
-Juicy -dice Peter-. Necesitaremos equipo, más armas. Todo lo que tengas.
-Cuenta con ello. Mis chicos os enseñaran donde vais a descansar, pero Peter, antes tengo que hablar contigo.
-Luego os veo, chicos -besa a Thrud y todos se van-. Dime.
-Hace años encontramos algo. Lo tengo guardado porque nadie lo quiere. No es fácil de usar. Y no creí que mereciera estar en manos de nadie. Pero va a ser que este es el momento, pequeño. Y si alguien puede usarlo, ese eres tú. 
Peter sigue a Juicy por una serie de túneles hasta las mismísimas cámaras del tesoro de la ciudad, llenas de riquezas y joyas tecnológicas y militares del viejo mundo. Hasta que llegan ante una y Juicy la abre marcando un código en un panel. ¿Qué me dices? ¿Te gusta?
-¡No me jodas! ¿Eso es lo qué creo que es?
-Y tanto.
-Joder, pensaba que solo era una leyenda. Habladurías, que nunca se fabricó de verdad.
-Pues si. Aunque solo encontramos esta. ¿Te atreves?
-Puedes apostar tu cuello a que sí.
Y sonríe con malicia y delectación.